El Club de Planeadores Esperanza celebró una nueva edición de su festival aeronáutico con entrada libre y gratuita. Exhibiciones acrobáticas, vuelos de bautismo, la presencia de la Fuerza Aérea Argentina, escuelas invitadas y una participación récord de público marcaron un fin de semana inolvidable.
Con entrada libre y gratuita, miles de personas se acercaron para disfrutar de exhibiciones acrobáticas, vuelos de bautismo, paracaidismo, aeronaves militares y actividades para toda la familia. Una fiesta aérea que volvió a confirmar el enorme poder de convocatoria de este evento y el rol clave del aeroclub como verdadero semillero de vocaciones.

Un inicio cargado de emoción: escuelas, Fuerza Aérea y Mentor en acción
La jornada inaugural del viernes comenzó temprano, con el izamiento de la bandera y la entonación del Himno Nacional. Allí, el Vicecomodoro Luis Briatore y la Escuadrilla Histórica de la Fuerza Aérea Argentina ofrecieron una charla motivacional ante más de 600 alumnos de escuelas primarias y secundarias.
Más de 600 estudiantes vivieron la primera jornada de “Esperanza Vuela 2025” junto a la Fuerza Aérea Argentina
Los chicos pudieron conocer de cerca la labor de los pilotos militares, las oportunidades educativas y profesionales dentro de la Fuerza Aérea, y observar luego una vibrante demostración aérea de los B-45 Mentor, que dejó a todos con la vista clavada en el cielo.

La repercusión fue inmediata: las escuelas destacaron el impacto educativo y formativo de la actividad, mientras que los estudiantes expresaron sorpresa, entusiasmo y un interés renovado por el mundo de la aviación, para muchos, fue el primer contacto directo con un avión y con pilotos militares, generando momentos cargados de sorpresa y entusiasmo.
Un festival que recuperó el cielo: aviones, paracaidismo, acrobacias y miles de visitantes
Durante sábado y domingo, el predio del club se transformó en un verdadero parque aeronáutico.
Hubo vuelos permanentes de aviones y planeadores, saltos de paracaidismo, vuelos de bautismo, exposición estática, gastronomía y un clima familiar que dio identidad al encuentro.

Dos figuras sobresalientes fueron sin dudas los acróbatas Jorge Malatini —piloto Red Bull Latinoamerica— y uno de los acróbatas más reconocidos del país, que participó con su clásico Pitts S2B y Dino Moline, piloto con 20 años de trayectoria, quienes ofrecieron demostraciones que hicieron vibrar al público.
Moline, al mando de su Edge 540, valoró la magnitud del evento y el rol de los aeroclubes:
“Los aeroclubes son un semillero. Uno planta una semilla en los chicos que nos ven volar, y eso queda marcado para toda la vida.”

Por su parte, Malatini remarcó la importancia de acercar la aviación a la sociedad:
“La aviación parece inalcanzable, pero no lo es. Se puede llegar. La acrobacia engancha, emociona y despierta vocaciones.”
Además, se vivieron momentos muy esperados como la pasada del IA-63 Pampa III de FAdeA, la presencia el día viernes de los históricos Dakota del ex INAC junto a los Embraer Tucano de la III Brigada Aérea, vuelos de helicópteros y presentaciones en formación. Además, durante el fin de semana estuvieron presentes aviones de aeroclubes de la región y máquinas deportivas que enriquecieron la grilla del espectáculo aéreo.
El sábado por la noche una tormenta sacudió momentáneamente el campo, pero no impidió el desarrollo del festival. El domingo, el viento sur dejó un cielo impecable para cerrar con una pasada del helicóptero del Gobierno de Santa Fe, que hizo su maniobra final frente al público.

Durante el fin de semana, el público pudo disfrutar de los shows acrobáticos de Dino Moline y Jorge Malatini, vuelos permanentes de aeronaves civiles, saltos de paracaidismo y la presencia del IA-63 Pampa III. El cierre dejó en claro el impacto comunitario del evento y el compromiso del club con la formación de nuevos pilotos.
El corazón del festival: foodtrucks, stands y una Expo única
El festival no solo ofreció vuelos y demostraciones aéreas: también se vivió como una verdadera fiesta al aire libre. A lo largo del predio se distribuyó un corredor gastronómico con foodtrucks que ofrecieron opciones para todos los gustos: hamburguesas, pizzas, lomitos, helados y propuestas regionales que acompañaron a las familias durante toda la jornada. La afluencia constante de público convirtió este espacio en uno de los puntos de encuentro más animados del evento.

A pocos metros, los stands comerciales aportaron color, contenido y variedad. Desde insumos aeronáuticos y merchandising temático, hasta artesanías, productos locales y tecnología aplicada a la aeronáutica. Fue un punto clave tanto para quienes buscaban información técnica como para los que querían llevarse un recuerdo del festival.
La Expo estática y dinámica de aeronaves fue, sin duda, uno de los grandes atractivos. En la zona estática, los visitantes pudieron observar de cerca distintos modelos de aviación general, planeadores, aeronaves experimentales, ultralivianos y aeronaves de instrucción. Fotógrafos, estudiantes y entusiastas recorrieron cada rincón, obteniendo esa foto soñada junto al avión preferido.
En paralelo, la exhibición dinámica mantuvo a todos con la mirada puesta en el cielo. A lo largo de la jornada se sucedieron pasajes, despegues, aterrizajes y demostraciones que mostraron la diversidad de disciplinas aerodeportivas presentes. Cada maniobra despertó aplausos y comentarios, reforzando ese vínculo único entre el público y el mundo aeronáutico.
El conjunto de actividades —gastronomía, expo, comercio y vuelo— creó una experiencia completa, familiar y participativa, consolidando al festival como uno de los encuentros aeronáuticos más atractivos del calendario.
La conducción, el orden aéreo y la identidad del evento
La animación fue llevada adelante por Cristian Zárate, quien aportó relato, información y dinámica a cada una de las jornadas, acompañando al público que por momentos superó las expectativas de la organización. Además remarcó el valor de narrar lo que ocurre en tierra y en el aire: “El evento no es solo aviones; es historia, esfuerzo, instituciones trabajando juntas y una comunidad reencontrándose con el club”.
Su tarea permitió que miles de visitantes comprendieran maniobras, tipos de aeronaves y el enorme trabajo que implica organizar un festival de esta magnitud.

En paralelo, el control y la seguridad operacional estuvieron a cargo del controlador de tránsito aéreo Maximiliano Actis Caporalle, quien destacó el rol fundamental de estos encuentros:
“Estos eventos fomentan la actividad aeronáutica y acercan a la gente a un mundo que quizá desconocen. La seguridad, la organización y la diversidad de actividades son clave.”
El controlador de tránsito aéreo en el Aeropuerto de Ezeiza y piloto, explicó: “Un espectáculo aéreo reúne actividades atípicas. La figura del controlador le da un marco de seguridad y organización indispensable para mezclar acrobacia, paracaidismo y vuelos de bautismo”.
El orgullo del Club de Planeadores: tradición, esfuerzo y futuro
El presidente del club, José Luis Heisser, destacó la importancia de sostener este festival año tras año:
“Este es un club de 1941. Es parte de la historia de Esperanza. Queremos darle continuidad porque esto nos da alumnos, crecimiento y visibilidad. La gente apoya y nos acompaña.”
También agradeció el apoyo institucional del municipio y del intendente Rodrigo Müller, esencial para ampliar la oferta del evento, contratar acróbatas y sumar números artísticos.

Heisser no dudó en mirar hacia adelante:
“Ya empezamos a trabajar en 2026. Ojalá podamos tener F-16… vamos a seguir insistiendo. Este festival llegó para quedarse.”
Un impacto que va más allá del espectáculo
“Esperanza Vuela 2025” no solo fue un festival aéreo. Fue un espacio de encuentro comunitario, una jornada educativa, un puente entre generaciones y una plataforma para que chicos y grandes puedan descubrir el cielo como posibilidad.
Esperanza Vuela se consolida como uno de los festivales aeronáuticos más importantes de la región. La combinación de instituciones, pilotos de elite, exhibiciones militares, clubes deportivos y una comunidad que colmó el predio durante las dos jornadas dejó un arrollador éxito.
Como cada año, AeroMundoTV estuvo presente desde el primer minuto, registrando cada pasada, cada testimonio y cada emoción. Y la sensación final es unánime: Esperanza volvió a volar… y de una manera inolvidable.












































