Combatientes de la Fuerza Aérea Argentina evocaron los intensos días de combate vividos durante la Guerra de Malvinas y rindieron homenaje a los caídos al conmemorarse el 44° aniversario del Bautismo de Fuego.
A 44 años del Bautismo de Fuego de la Fuerza Aérea Argentina, veteranos de la Guerra de Malvinas compartieron testimonios conmovedores sobre el combate, el compañerismo y el recuerdo permanente de quienes no regresaron. Una nota especial de AeroMundoTV.
En el marco del 44° aniversario del Bautismo de Fuego de la Fuerza Aérea Argentina, veteranos de guerra compartieron sus recuerdos, experiencias y emociones sobre aquellos días de combate en las Islas Malvinas. Las historias, cargadas de patriotismo, dolor, compañerismo y orgullo, reflejan el valor de quienes integraron distintas unidades aéreas y de apoyo durante el conflicto de 1982.
Durante el acto conmemorativo realizado en la II Brigada Aérea de Paraná, los excombatientes evocaron el inicio de las acciones bélicas del 1° de mayo de 1982, fecha que marcó el comienzo del combate aéreo argentino en Malvinas.
El Suboficial Mayor Méndez destacó la importancia de mantener viva la memoria y transmitir las experiencias a las nuevas generaciones. “Somos historia viva y tenemos la responsabilidad de transmitir a los jóvenes el patriotismo y el amor por la Patria”, expresó, recordando también el acompañamiento permanente de las familias de los veteranos.
Uno de los testimonios más conmovedores fue el de un técnico electrónico de la Fuerza Aérea, quien relató que una de las primeras bombas británicas cayó a apenas 20 metros de su posición en Malvinas. “Fue un día muy especial. Tengo recuerdos muy hondos, pero también el orgullo de haber pertenecido a la Fuerza Aérea y poder contarlo hoy”, señaló emocionado. Durante la guerra cumplió tareas vinculadas al control electrónico y apoyo a las misiones aéreas argentinas mediante equipos instalados en aeronaves Learjet.
El suboficial mayor José Barrio recordó que llegó a Puerto Argentino el 2 de abril de 1982 junto a un radar móvil y permaneció allí hasta después de la rendición. Su relato reflejó el miedo inicial de los primeros bombardeos y cómo debieron adaptarse a convivir diariamente con el combate.
“Primero veíamos las explosiones y después escuchábamos los bombazos. Ahí comenzó nuestro bautismo de fuego”, recordó sobre la mañana del 1° de mayo. Barrio también rememoró el ataque británico del 31 de mayo contra el sitio radar donde se encontraba desplegado. “Nos tiraron dos misiles. El silencio previo a la explosión y el olor a pólvora son cosas que nunca se olvidan”, expresó.
Además, contó que celebró su cumpleaños número 28 en plena guerra. “Mis compañeros me hicieron una torta y me cantaron el feliz cumpleaños en Malvinas”, relató, destacando el compañerismo que existía entre los soldados y suboficiales desplegados en las islas.
Otro de los veteranos que compartió su experiencia fue el suboficial mayor Homero Dalosto, integrante del Escuadrón Canberra, quien recordó las complejas misiones de preparación y adaptación que debieron realizar antes de entrar en combate. Explicó cómo se ensayaron lanzamientos de bombas sobre el mar y la adaptación de espoletas para ataques navales, ya que gran parte del armamento estaba preparado originalmente para operaciones terrestres.
También evocó las misiones realizadas desde Río Grande y el clima de tensión permanente que se vivía en las bases aéreas del sur. “Vivimos situaciones de alerta roja impresionantes. Sentíamos el fuego de todas las armas alrededor mientras tratábamos de asistir a los aviones”, recordó.
Desde Puerto Santa Cruz, el suboficial principal Guillermo Augusto Jun integró las operaciones de apoyo de los aviones IA-58 Pucará y otras aeronaves de combate. Allí desarrolló tareas logísticas y técnicas fundamentales para sostener las operaciones aéreas argentinas durante todo el conflicto.
Las comunicaciones fueron otro de los pilares fundamentales de la guerra aérea. El suboficial ayudante Antonio Botero, integrante del Grupo 1 de Comunicaciones Escuela, recordó el intenso trabajo realizado desde la central de comunicaciones de la Fuerza Aérea Sur en Comodoro Rivadavia.
“Sin comunicación no hay comando”, afirmó, resaltando la importancia estratégica de mantener enlazadas todas las operaciones aéreas y de defensa del continente. Según relató, las comunicaciones argentinas jamás fueron interceptadas por las fuerzas británicas, un dato que posteriormente fue reconocido incluso por el propio enemigo.
Botero recordó además a sus compañeros caídos, entre ellos el suboficial principal Francisco Luna, fallecido el 7 de junio de 1982 tras el derribo de un Learjet de la Fuerza Aérea.
En el mismo sentido, el Cabo Principal Rubén Alberto Duro remarcó que el trabajo de comunicaciones era constante y vital para el funcionamiento de todas las operaciones militares. “Si se cortaba la comunicación, se cortaba todo”, resumió.
Uno de los relatos más impactantes fue el referido a las misiones de los bombarderos Canberra. El veterano de armamento Suboficial Principal Jorge Montenegro, recordó la última conversación que mantuvo con el teniente Ibáñez y el primer teniente González antes de despegar en una misión de combate.
“Sabían que podían no volver. El Canberra prácticamente no tenía defensa”, explicó. Recordó especialmente la entereza del teniente Ibáñez, quien pese al miedo nunca dejó de cumplir con su deber. “Temblaba mucho, pero igual iba”, relató emocionado.
Los testimonios dejaron en claro no sólo el sacrificio y la valentía de quienes combatieron en Malvinas, sino también el fuerte espíritu de camaradería que los sostuvo durante los 74 días de guerra.
A 44 años del Bautismo de Fuego de la Fuerza Aérea Argentina, las voces de sus veteranos continúan manteniendo viva la memoria de quienes combatieron, de los que no regresaron y de una generación que marcó para siempre la historia argentina.

