El piloto Leonardo Bonazzola combate los incendios en la Cordillera con un avión anfibio. La difícil tarea de volar sobre las montañas en medio del humo para salvar los bosques. «Esto se va a apagar en abril cuando bajen las temperaturas y empiece a llover», dijo.
Leonardo Bonazzola es un apasionado de la aviación. Se nota cuando habla, pero también cuando narra cada detalle de su historia, aquella que comenzó en Concordia, Entre Ríos, y que, previa escala por Comodoro Rivadavia, lo llevó a combatir incendios forestales en el mundo.
Al trabajo incansable de los brigadistas en tierra, se suma la vigilancia de los pilotos de aviones hidrantes desde el aire. Una misión imprescindible a toda hora en la Cordillera, que arde con múltiples incendios forestales simultáneos.
Leonardo Bonazzola es un piloto entrerriano que recorre el mundo combatiendo incendios y ahora presta servicio en esta emergencia. Vuela un avión anfibio capaz de cargar en los lagos. Actualmente contiene el incendio de El Manzano y protege la zona para que el fuego no baje hacia el Lago Roca, en Río Negro.
Su tarea debe ser precisa. Antes de realizar una descarga, analiza el lago más cercano posible para operar. Su avión anfibio le permite lanzar 3.000 litros de agua cada 7 minutos, durante 3 horas de vuelo.
Los días de mucho viento afectan la carga. Lagos como el Mascardi y el Nahuel Huapi generan gran oleaje que imposibilita el trabajo. “Estuvimos operando estos días en el lago Los Moscos, de 2 mil metros de largo. Trabajamos en el sector 3 y 4 del incendio de El Manzano, y tenemos la posibilidad de operar 3 horas sin parar haciendo entre 25 y 30 descargas de agua”, contó.
Los vuelos dependen de la ubicación del incendio y la altitud en la montaña. “Como son incendios muy altos en montaña y el lago está abajo, tenemos que trepar la montaña en condiciones de viento y turbulencia, tirar el agua y salir”.
Hay varios medios aéreos operando en los distintos incendios, tanto en Bariloche como El Bolsón y Epuyén. A la flota actual se sumará un nuevo anfibio (siendo 3 en total) y dos aviones destinados a Junín de los Andes, más 3 apoyos extra para El Bolsón.
Desde el aire, el piloto advierte la llovizna generada por la nubosidad sobre la montaña. Pero nada de esa agua llega al bosque. “Cuando el fuego agarra combustible, troncos y material seco, genera muchísima temperatura, alrededor de 800 grados. Eso pulveriza todo lo que hay alrededor”.
Los incendios pueden ser traicioneros, el humo corre hacia un lado pero el fuego avanza en otra dirección. “Debemos observar y analizar la zona de tiro antes de entrar. En los valles nos cuesta girar y es complicado el lanzamiento”.
“Las temperaturas en la montaña son muy bajas, de 7 a 10 grados. El avance del fuego es lento, pero son lugares inaccesibles hasta para los propios brigadistas. Hay muchos valles y quebradas. La única forma es dejar que se queme y hacerle defensas en sectores donde los brigadistas y helicópteros pueden trabajar”.
Leonardo advierte que donde peor la están pasando es en El Boslón, donde el incendio es de categoría interfase y afecta tanto zonas naturales como urbanas. “El incendio está muy violento y el viento lo acelera. Lamentablemente esto se va a terminar de apagar en abril cuando bajen las temperaturas y empiece a llover”.
Fuente: Diario Jornada (Trelew)





